Bujumbura“Ville Morte”
Después de las tribulaciones experimentadas durante el viaje, pensaba llegar a Bujumbura y tener algo de descanso. Pero en cuanto puse el pie en tierra me informaron que la ciudad estaba en modo “villemorte”, es decir, en huelga general. Nadie ni nada se movía en toda la capital. Los pocos pasajeros que habían viajado en el avión se miraban desorientados…
Mi maleta no estaba en la cinta de llegada. Un problema más. De pronto vi a una persona alta, delgada, de tez morena y ojos azules que me miraba intensamente… ¿Eres Pedro..? Sí, soy Pedro. Quien me había preguntado era Lawrence Tatford, jefe de la misión de emergencia de Terre des hommes en Burundi. No fue una recepción calurosa sino, todo lo mas, formal. Tras presentarse me explicó lo que significaba “villemorte”: nada de taxi, nada de autobús, comercios cerrados, ni un alma ni un coche en la calle. Por esa razón Lawrence había venido a buscarme en una ambulancia de la Cruz Roja. Esta organización es muy poderosa en África, más que los Cascos Azules. Luego, en un futuro cercano, me daría cuenta de su poder en un hecho que sucedió en la capital de Ruanda, Kigali. No había ningún movimiento en las calles, ni un vehículo. Sólo algunos Jeep de la policía en los cruces más emblemáticos, en rotondas y en edificios gubernamentales. Las calles estaban desiertas.
Sentí Una sensación extraña, desconocida al ver todos los comercios cerrados, las calles tan vacías y un ambiente tenso, como si algo fuera a ocurrir. En veinte minutos llegamos hasta el cuartel general de la fundación, en la parte alta de la ciudad, en el barrio de las embajadas. Se trataba de un chalet emplazado en medio de ese barrio, en una parcela generosa, con otra pequeña construcción básica al final de la finca donde vivía una familia de burundeses que vigilaba la oficina de la fundación, día y noche.
La casa tenía un porche exterior con una mesa y algunas sillas a su alrededor. abrían paso a la puerta de la casa, un salón interior con una mesa grande llena de papeles, 2 ordenadores tipo laptop, varios enchufes, un par de lámparas, un teléfono, 2 papeleras que, sin duda, habían conocido mejores días, una pizarra en la pared y un despacho con 2 sillones y un sofá, al que tanto tendría que agradecer.
No había mucho que hacer. Recuerdo que era domingo, hacia mediodía, cuando hubo que despejar la mesa llena de papeles para comer. Arroz hervido con cebolla y la cerveza “de la casa”: una botella de ½ litro, de la marca Primus, mayoritaria en la zona del África central, una jarra de agua, mineral, claro, algo de pollo frito, conversaciones intrascendentes y presentación de cada uno de ellos.
El primero en hablar fue Lawrence Tatford, un suizo hijo de suizo e inglesa que era el responsable de la misión de emergencia, .Luego habló Claude Heinz, una señora de mediana edad que hacía las veces de trabajadora social, A continuación Oliver Laisse se autodefinió como el logista francés de la misión y tras él tomé la palabra yo mismo, para presentarme como periodista y ahora involucrado en el sector de cooperación humanitaria.