Objetivo Mauritania

Carlos de la Bella había elegido Mauritania porque este país se encuentra dominado por el Sáhara. Cumplía, pues, el requisito primordial de disponer de una zona de desierto.

¿Por qué Mauritania…? La respuesta está en que ese país, dominado por el Sáhara, tiene tres tipos de población distinta en su territorio, con alimentación también distinta: los que viven en el desierto, los del litoral de la Costa Atlántica y los que viven en el sur, en el que el río Senegal ejerce como frontera natural. Son, pues, tres tipos distintos de habitantes con tres regímenes de alimentación diferenciada y formando parte de la misma nación con los que  ompartir resultados y compararlos.

Una vez se ubo elegido el país para nuestra prospección científico/humanitaria, nos entregamos a buscar un nombre que pudiera expresar lo que íbamos a hacer allá. En realidad, íbamos a organizar una ruta humanitaria de salud visual que intentaría analizar datos científicos y poner al día la información obtenida hacía, quizás, demasiado tiempo. Queríamos tener luz sobre la población y sus problemas con respecto a la vista y, a la misma vez, tratar de ayudarles por prestarse a ser nuestra fuente de conocimiento. De ahí salió el nombre: La Ruta de la Luz, por su doble significado, luz para ver y luz para que vean.

Escogido el destino, tras varias reuniones nos pusimos a pensar en el nombre de la expedición. Queríamos tener luz sobre la población y sus problemas con respecto a la vista y, a la misma vez, tratar de ayudarles por prestarse a ser nuestra fuente de conocimiento. De ahí salió el nombre: La Ruta de la Luz, por su doble significado, luz para ver y luz para que vean.

En esta primera edición, se confió la logística, transporte y alimentación, a un amigo de Carlos de la Bella, un hombre experimentado en viajes de aventura en África y en organización de rallies en el terreno. Era Juan Antonio Muñoz. Los ópticos optometristas que nos acompañaron fueron elegidos entre los que formaban parte de la cooperativa, previa invitación a la misión. Sólo se necesitaban 6 ópticos, pero se presentaron cerca de una veintena.

Se buscaron medios de transporte “voluntarios”, y se concluyó con cuatro todoterreno, dos Unimog-Mercedes y un camión isotermo (adecuado al desierto), Mercedes 2626. Todos aceptaron el envite y se dispusieron a preparar los vehículos para no tener problemas en el Sáhara.

Tras inumerables reuniones, se puso una uestión en la que no habíamos pensado. Necesitábamos un oftalmólogo. Después de discutirlo largamente se previó que un oftalmólogo viniera también como parte de la expedición para formar parte del equipo científico y por su experiencia como profesional de la salud visual, el Doctor José Luis Fraguas, un hombre que pertenecía a una ONG llamada “Médicos sin vacaciones” porque las invertían en viajar por África, marido y mujer, haciendo lo que mejor sabían hacer, curar, aliviar en lo posible, a personas con problemas de visión y patologías inherentes.

En una de las reuniones, y por mi experiencia en la Crisis de los Grandes Lagos, creí oportuno mencionar que se debería comunicar nuestra expedición a la AECID (Agencio de Cooperación Internacional y de Desarrollo) dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, por si acaso. Y es que más de 40 personas iban a recorrer Mauritania, un país musulmán, durante 35 días y alguien debería saberlo…, por si acaso.

Esa iniciativa nos hizo conocer a un personaje de la Cooperación española, Juan Bartolomé, un médico funcionario de la AECID con el que enseguida nos entendimos. Preguntó que quién iba a ser el médico que se ocupara de los miembros de la Ruta. Le dijimos que teníamos apalabrada la incorporación de un médico de “Médicos sin Fronteras” que, se comprometió a cuidarnos durante los días de viaje a Mauritania. Fue una gran suerte conocer a Juan Bartolomé porque, a la postre, nuestro médico nos falló 2 días antes del inicio del viaje y Juan -no sé cómo lo hizo- fue el que se incorporó a la Ruta en la que participó en sus 4 ediciones (1995, 1997, 2000, y 2008) como médico de la expedición. Además, el hecho de ser funcionario de la AECID nos facilitó el contacto con el embajador de España en la República Islámica de Mauritania, Juan María López-Aguilar, que tan bien acogió la iniciativa y tanto nos ayudó desde su puesto en la diplomacia española.

Todo se iba tdesarrollando en forma y maneras hasta llegar al día de la marcha. Se quiso hacer una salida triunfal desde el ayuntamiento de Madrid, en la Plaza de la Villa, con asistencia de autoridades y representantes de la cooperativa Cione. Los todoterreno y los Unimog vestidos para la ocasión, los participantes con sus camisetas de Cione y un público expectante. La mujer que nos dio la salida oficial no fue otra que la futura presidente de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

Y así se inició la primera Ruta de la Luz, a finales de octubre de 1995, por carretera desde Madrid a Cádiz, y desde Cádiz a Canarias, para embarcar en un barco hasta Nouadhibou, en Mauritania. Yo había salido unos días antes de España, junto a Juan Antonio Muñoz, para un primer contacto con Tierra de hombres en Nouakchott y comunicarles nuestra misión, de avance y de cooperación con ellos en los próximos días.

André Faust nos recibió de muy buenas maneras. Hablaba español, porque estaba casado con una mujer colombiana,y nos puso al corriente de las actividades y de lo que la Fundación hacía en esa ciudad, en ese país. Básicamente, mantenían un Centro de Recuperación y Educación Nutricional (CRECHE) en el barrio de El Miná. En las afueras de la capital, un barrio cuyas casas se habían hecho con bidones vacíos (bidonville), donde se iban agrupando la gente que inmigraba y buscaba la capital esperando encontrar una mejor calidad de vida.

Haima mauritana en el desiertoi,
cerca de Atar

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