¿Quién sabe dónde?

Aquel día era más consciente de dónde estaba: Bujumbura, capital de Burundi, en África Central, limitado al norte con Ruanda, nombre de la sinrazón humana, de la tragedia, de una guerra civil salvaje y, como todas, sin sentido. Pero era África, se podía notar en el color de la tierra, en el olor de sus campos, en lo verde de sus paisajes, en la tremenda explosión de color de los frutos de la tierra.

Burundi, un país difícil de encontrar en el mapa de África si no sabes dónde buscar. Recuerdo que cuando estaba en Bujumbura, muchas tardes las pasaba en el Club Náutico de esa capital, tomando té y contemplando el baño de los hipopótamos, entre las 5 y as 6 de la tarde. Pero sin acercarme a su zona de influencia pues esos animales suelen ser agresivos y desafiantes.

Aquel día estaba muy contento: las cosas marchaban bien y TDH hacía un buen trabajo, al menos así me lo parecía. La fundación suministraba semanalmente víveres y materiales desde Bujumbura, con una mecánica en su proceder que ya se había convertido en rutina. Los jueves y viernes íbamos al mercado central de Bujumbura a comprar, cargando hasta los topes los vehículos con toda clase de productos. Los sábados preparábamos las hojas de carga para la aduana y el domingo, después de comer, poníamos rumbo a Ruanda para repartir la carga en el campamento de Gykongoro y el jueves por la tarde, de vuelta a Bujumbura y volver a empezar

Esa mañana se produjo un hecho insólito que llamó la atención del equipo. El caso fue que, a la hora del desayuno, un voluntario de la Cruz Roja Internacional (CICR: Comité Internacional de la Cruz Roja) se acercó hasta nuestra oficina con un fax fechado en Ginebra (Suiza) y dirigido al CICR de Nairobi (Kenya).

En él se decía que un ex alto funcionario del Ministerio del Interior de Ruanda pedía ayuda para que localizaran a su esposa y a sus tres hijos, los cuales se habían quedado en Kigali, la capital de Ruanda, cuando el funcionario salió corriendo del país por peligro de vida inminente. Había escapado al país vecino, Uganda, y desde ahí había emprendido un periplo que le había llevado a Suiza, desde donde había realizado aquella petición de auxilio. Solicitaba que la Fundación TDH tratase de localizar a su familia y la llevase hasta el consulado suizo de Bujumbura. Una vez allí, el personal del consulado intentaría trasladarlos hasta Ginebra.

Sólo había un problema. Escoltarlos y transportarlos resultaba fácil. Sin embargo, ¿localizarlos? En medio de aquella guerra, ¿quién demonios podría saber dónde habían ido a parar? El único dato conocido era que tenían su domicilio en un barrio residencial de Kigali, Ruanda.

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